Cuando el estrés incita a comer de más... En situaciones de estrés, si sentimos hambre, tendemos a comer más, ya que ignoramos nuestras señales biológicas de saciedad y es el factor emocional y psicológico de apetito lo que nos conduce a la nevera.
A continuación, Cuando el estrés incita a comer de más:
Date tiempo...
Cuando sientas ganas de comer porque algo te preocupa, prepárate una infusión de tila, bébela a pequeños sorbos y trata de calmarte. El antojo desaparece si te mantienes distraída u ocupada.
Piénsalo...
Escribe lo que sientes en un papel cada vez que te enfades y trata de ser objetiva sobre los motivos por los que has llegado a esa situación y la manera de resolverlo. Verás que la solución no está en la comida.
Modérate...
Si finalmente acabas comiendo algo, concéntrate en lo que comes y disfrútalo. Comerás menos si te das un pequeño capricho que si picoteas de forma descontrolada cualquier cosa, dando vueltas una y otra vez a aquellos asuntos que te preocupan.