Sabemos que para que una dieta nos brinde optimos resultados debemos ayudarla con un ejercicio regular.Pero... debemos tener en claro no sobreesforzarnos solo en necesario controlar la intensidad del ejercicio elegido.
Mide el esfuerzo según cómo te sientas y a medida que lo realizas. Sedentario: el esfuerzo no es perceptible y no produce beneficio alguno. Se da al permanecer de pie, sentados o estirados.
Activo: nivel que contribuye a mejorar el estado de salud general. Se queman más calorías que en el anterior. Los movimientos son tranquilos, prolongados y producen un pequeño aumento del ritmo cardiaco y respiratorio; no hacen sudar (a menos que el tiempo sea caluroso). Se produce al pasear, cuidar el jardín, bailar piezas lentas...
Entrenamiento aeróbico: el ejercicio a este nivel beneficia al corazón y pulmones. Eleva de forma continuada el ritmo cardiaco. La respiración es más rápida y aparece la transpiración entre los 5 y 15 minutos, dependiendo de la temperatura del aire.
Entrenamiento atlético: esfuerzo intenso que acelera el ritmo cardiaco, la respiración y produce la transpiración a los 5-10 minutos. A medida que se realiza, aumenta la fatiga y al final uno siente la necesidad de detenerse.
Sobreesfuerzo: esfuerzo excesivo (no recomendable). El corazón late tan rápido que se está incómodo, aparecen náuseas... y la respiración es demasiado rápida como para conversar.
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